Al llegar a casa, en ese rincon al que llamaba hogar que se encontraba a obscuras vi brillar la pared blanca al reflejo de la tenue luz de luna, abri con cuidado el cancel negro manchado de óxido procurando no hacer mucho ruido. Me adentre en mi jardín, rodeado de malvas de todos colores y unas violetas que yo mismo había plantado hace algunos años. Siempre estaban en flor, y adoraba el color morado firme que siempre tenian.
Pase sigilosamente entre mi jardín y pisando algunas hojas secas dispersas entre él, llegue a mi puerta y tomé mi llave que siempre cuelga de mi presilla del pantalón. Ubique la llave a tientas y con un movimiento rapido y preciso, metí la llave y la hice girar.
La puerta hizo un sonido seco y cedió ante la llave y la presión de mi mano, cerré la puerta a mi espalda e inmediatamente dejé mi maletin en el sillon, recorri la sala con un par de pasos, y me hundí en un sillon viejo y comodo que hace años había reparado yo mismo. Instalado comodamente en el sillón, no pude evitar pensar que significaba la extraña petición.
3 am. Me debí quedar dormido en el sillon un par de horas, no pude sentir en el momento en el que cedí al sueño y me entregue a la inconciencia. Me levanté y estiré un poco las piernas al tiempo en que tomaba mi maletín y subía escaleras arriba a mi habitación. Una puerta negra y un cerrojo plateado se plantó frente a mi, giré la perilla y entré. Busqué a tientas el apagador de la luz y al encenderse la misma, baño el cuarto en una tranquila luz mortecina que otorgaba un color diferente a las cosas, un tanto irreal.
Las cosas de siempre, el lugar de siempre, la soledad de siempre. O... al menos eso pensaba, cuando al barrer mi mirada hacia arriba encontré un par de piernas torneadas envueltas en unas brillantes medias, cruzadas y con un par de manos sobre ellas...
- Y... tu ¿quién eres? - dije con un tono dubitatibo.
- Una aliada. Al menos eso pretendo. - Su voz sonaba delicada pero segura. Me desconcertó un par de segundos, entonces tomé la palabra de nuevo.
- ¿Y que puedo hacer por ti? - Dije haciendo acopio de mi aplomo.
- Estas haciendo las preguntas equivocadas - Dijo con un tono burlón y una sonrisa un tanto enigmatica - Deberías preguntarte: ¿Que puedo hacer yo por ti? - Y me atravezó con la mirada, sus ojos plateados y pequeños me hicieron sacudirme de un escalofrío. Sus labios pequeños y finos, rojos como la sangre, se abrieron nuevamente para pronunciar una palabra inteligible, carente de sonido. Un idioma oculto. Que yo entendi perfectamente.
- ¿Que demonios está pasando aqui?
16.5.09
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