16.5.09

Una entrega mas...

Al llegar a casa, en ese rincon al que llamaba hogar que se encontraba a obscuras vi brillar la pared blanca al reflejo de la tenue luz de luna, abri con cuidado el cancel negro manchado de óxido procurando no hacer mucho ruido. Me adentre en mi jardín, rodeado de malvas de todos colores y unas violetas que yo mismo había plantado hace algunos años. Siempre estaban en flor, y adoraba el color morado firme que siempre tenian.

Pase sigilosamente entre mi jardín y pisando algunas hojas secas dispersas entre él, llegue a mi puerta y tomé mi llave que siempre cuelga de mi presilla del pantalón. Ubique la llave a tientas y con un movimiento rapido y preciso, metí la llave y la hice girar.

La puerta hizo un sonido seco y cedió ante la llave y la presión de mi mano, cerré la puerta a mi espalda e inmediatamente dejé mi maletin en el sillon, recorri la sala con un par de pasos, y me hundí en un sillon viejo y comodo que hace años había reparado yo mismo. Instalado comodamente en el sillón, no pude evitar pensar que significaba la extraña petición.

3 am. Me debí quedar dormido en el sillon un par de horas, no pude sentir en el momento en el que cedí al sueño y me entregue a la inconciencia. Me levanté y estiré un poco las piernas al tiempo en que tomaba mi maletín y subía escaleras arriba a mi habitación. Una puerta negra y un cerrojo plateado se plantó frente a mi, giré la perilla y entré. Busqué a tientas el apagador de la luz y al encenderse la misma, baño el cuarto en una tranquila luz mortecina que otorgaba un color diferente a las cosas, un tanto irreal.

Las cosas de siempre, el lugar de siempre, la soledad de siempre. O... al menos eso pensaba, cuando al barrer mi mirada hacia arriba encontré un par de piernas torneadas envueltas en unas brillantes medias, cruzadas y con un par de manos sobre ellas...

- Y... tu ¿quién eres? - dije con un tono dubitatibo.
- Una aliada. Al menos eso pretendo. - Su voz sonaba delicada pero segura. Me desconcertó un par de segundos, entonces tomé la palabra de nuevo.
- ¿Y que puedo hacer por ti? - Dije haciendo acopio de mi aplomo.
- Estas haciendo las preguntas equivocadas - Dijo con un tono burlón y una sonrisa un tanto enigmatica - Deberías preguntarte: ¿Que puedo hacer yo por ti? - Y me atravezó con la mirada, sus ojos plateados y pequeños me hicieron sacudirme de un escalofrío. Sus labios pequeños y finos, rojos como la sangre, se abrieron nuevamente para pronunciar una palabra inteligible, carente de sonido. Un idioma oculto. Que yo entendi perfectamente.

- ¿Que demonios está pasando aqui?

18.4.09

Amarilla, me gusta amarilla

Una película, otra, y después... adivina! si.. otra. Las tardes asi transcurren lentas, vacías, pero llenan mis ojos y mis pensamientos con fantasía y magia. Desearía que fuera verdad. Sería fantastico poder hacer cosas maravillosas, sensacionales, únicas, heroicas.

Decía... amarillo, ¿verdad?. Pues me gusta el amarillo que destila entre el frío de la noche, que te alcanza, te roza, vibra en tus ojos y se expone ante ti, radiante. La Luna. Estos días ha estado bastante amarilla, la he estado vigilando. Mis ojos la siguen, la guian a través de la noche obscura, le doy la mano, le digo su camino, le robo su color y la mando lejos, te veo mañana.

Entonces lo he descubierto. Soy un ladrón. Por que amo su luz, pero no puedo tenerla para mi, le quito su brillo, la enveneno, la mato. ¿Y por que vuelves cada mes? Dime!. ¿Acaso te gusta ser mi victima? Por que yo adoro ser tu victimario.

Segunda parte de mi novela.


Se hizo de noche, el sabor del café de la tarde atormentaba a mi boca, que me hacía recordarla. Si he de ser franco, pensé que jamáz volvería a verla. Dadas las condiciones de nuestra despedida, todo había quedado en un adiós que se llevaba el viento, mientras deseaba que todo el dolor tambien se fuera junto con el, imaginando que todas esas ilusiones y sueños creados en mi corazón se desvanecieran como el humo del cigarro en esta noche fría y humeda que lamía hasta lo mas profundo de mis huesos.

La larga caminata me llevo a una calle sombría que parecía tener un toque de misticismo, las paredes de las casas parecían desmoronarse y sus pinturas se caían a pedazos, los jardínes, vastos, muertos. Mi cara se reflejó como en un espejo en un charco que tenía a mis pies, y en lo alto, la luna me decía que siguiera mi razon y mi pensamiento. Que abandonara mi fe y mi amor por las causas perdidas, que dejara mis sueños y me acoplara a la realidad. Que fácil sería hacerle caso a la luna. ¿Imposible no? Siempre me han gustado las cosas difíciles. Pero creo que esta ves me estoy excediendo y cayendo en un absurdo que me derrota y no me deja ver las cosas como son.

Así ha sido siempre. Me dejo deslumbrar y despues miro todo ese monton de defectos e intento encontrarles un sentido para que me gusten, para que no me alejen de lo que quiero.

Tus palabras siguen rondando mi mente -"Algo que tu puedes hacer, siempre consigues lo que quieres..." y yo le doy vueltas y vueltas sabiendo que no debo ni siquiera escuchar lo que quieres.

Seguí caminando por ese pequeño cementerio, ese pequeño pedazo de ciudad muerta, reconociendo en una casa aquel cuarto donde pasamos tantas horas juntos, donde reímos, donde nos enamoramos, donde hicimos el amor incontables veces, siempre diferente...

- O me estoy volviendo loco o jamáz podré olvidarme de ti - Dije en ese tono de voz quebradizo que tengo cuando no quiero decir nada y termino diciendolo. La luna fue mi unico testigo, a fin y al cabo, siempre la tenia a ella para hablarle, nunca me dejaba solo.

17.4.09

Bienvenidos

Pensar, pensar, tenemos un mecanismo extraño, que no se detiene nunca, un organismo vivo, o no muerto, hay muchas maneras de verlo o decirlo, pero hay algo en comun. Pensamientos, nunca se detienen, nunca nos esperan, dan un paso delante de nosotros, juegan con nosotros, nos guian, se rien, gozan, gritan, temen, lloran.

Entonces, ¿que hago con ellos? Si siempre estan aqui conmigo, observandome friamente desde su cuna, ocultos en lo mas profundo de mi ser. ¿Que hago con ellos? Si no logro despreciarlos, sino amarlos, son parte de mi, torpes, diestros. ¿Les prendo fuego? ¿Como hacerlo? No. Los quiero.

Pues bien, hay ocasiones, en que vienen a mi, me desbordan, corren através de mi, me electrocutan y suenan en cada celula de mi cuerpo, y se ocultan en mis pensamientos, tratando de inmortalizarse, pretendiendo no morir en los sonidos etereos de mi mente.




¿Regular? ¿Que es regular? No se cada cuando publicaré aqui. Mis visitas pueden ser frecuentes, quizá todo dependa de tu propio (y mi propio) significado de regular.


He aqui un pequeño relato que he ido escribiendo:


Ven, te invito a un café - Comentó con voz animada -. Mientras terminaba de hojear el libro que descansaba sobre la mesa sucia del centro comercial y la mano sobre el. -Vamos! va a animarte- me insistió de nuevo.

Terminé aceptando el café. Un café débil para mi gusto, con cuerpo moderado, y que debido a mis exigencias, tuvo que ser un expresso doble. Como siempre, mucha azúcar, un poco de crema para café y no tan caliente. Esos eran mis gustos para el café. Cuando aún tenia la capacidad para hacerlo...

-Dime, ¿que te trae a esta ciudad? - Cuestioné - No creo que las ofetas de trabajo, debe ser algo mas grande. Tengo entendido que tu excentricismo te ha llevado a coleccionar objetos muy extraños, ¿De que se trata?

Silencio, miradas asaltando con arma en mano a cada persona que pasaba por el lugar, estaba realmente desierto.

-Hay algo que estoy buscando. Algo que tu tienes, o tu puedes conseguir por mi - Su mirada se volvió indecisa, tratando de encontrar palabras en el café, agitandolo como si de el fondo fueran a brotar las palabras que me convencerían de hacerlo. - es algo que tu podrías hacer, siempre consigues lo que quieres...

Alargué un poco las piernas y chocaron con las suyas. No podía creer tener semejante personaje frente mio, y pidiendome que hiciera algo que no quería... justo como en los viejos tiempos.

-Alguien nos está observando, a las 7 en punto. No mires.

Se levantó. No pude evitar seguir con la mirada su figura felina, sus movimientos calculados, leí en sus ojos la misma chispa que odiaba y me embrujaba al mismo tiempo, su cabello, suelto jugaba con sus hombros, coqueteando. Me dedicó una mirada maternal, me dio un beso y se retiró caminando, dejando su café a sus espaldas, y me sorprendí a mi mismo buscando las mismas respuestas en el fondo de la taza al igual que ella.